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Por Pablo Cateriano

Abril 3, 2024

Ejemplo de lucha

Mi esposa Milagros marcó con anticipación el día, hora y lugar en nuestra agenda: martes 2 de abril, 7:30 p. m., auditorio Hugo Lumbreras de la Universidad Cayetano Heredia en Miraflores. La querida tía Lucha, entrañable amiga de mi suegra, presentaría su libro de memorias. Y obviamente no quería faltar. Yo tampoco. A la invitación se sumaron sus tres hermanos, Rocío, Reynaldo y Carmen, que fue con Orazio, su esposo. Así de comprometidos con ella nos sentíamos. Por dos razones. Una, su madre —a la que le hubiera encantado estar en primera fila— no podría asistir. Y dos, ella había organizado las bodas de los cuatro hermanos Llosa Martinto.

Ante un auditorio abarrotado de gente, se presentaron la historiadora Natalia Sobrevilla, el periodista Fernando Carvallo y la tía Lucha. Imposible no distinguir la cantidad de amigas de la autora presentes, ocupando desde muy temprano los asientos que no alcanzaron para los que llegaron tarde, y hojeando y comentando el libro entre ellas con miradas cómplices y también sorprendidas. Lo que seguramente no sabían es que ellas eran también parte de la fiesta, por lo menos para quienes como yo asistíamos sorprendidos a esta apoteósica presentación.

Natalia Sobrevilla nos dijo algo que se me quedó grabado, más aun proviniendo de una intelectual. Casi nadie en el Perú escribe memorias. Y menos aún las mujeres. El caso de Lucha Parodi Larco es, por ello, singular y valioso. Recoge el testimonio de una mujer luchadora, adelantada para su época y ejemplo para muchas. En el prólogo, Sobrevilla lo subraya: “Estaba segura de que sus memorias serían mucho más que una colección de recuerdos y que, sin duda conformarían un documento que nos serviría para entender la historia de la Lima de la segunda mitad del siglo XX”. Además, destaca el vínculo de Lucha Parodi con la política, la alta sociedad y la ciencia, así como el hecho de que se haya convertido en empresaria de éxito en un país que en ese entonces no le daba oportunidad a la mujer.

Fernando Carvallo hizo un vibrante recordatorio de la vida de Lucha Parodi Larco y su afición por las letras. Nos sobrecogió no solo el tono con el que habló, sino la profundidad de sus palabras. Se valió de la lectura de muchos pasajes del libro para graficar mejor por qué lo escribió. Por ejemplo, sus palabras iniciales: “Luchita, en esta caja están tus escritos, sigue escribiendo. Esto me lo dijiste dos semanas antes de que nos dejaras (en alusión a su esposo, Roger Guerra García)”. Y añadió: “Como verás, lo he cumplido, y este libro está dedicado a ti, ya que sigues siendo la luz que me ilumina. Cada máscara que uso a diario, cada disfraz del que me tengo que despojar, lo siento como una de las siete llaves del baúl que imaginaba de niña como mi caparazón. Es hora de que todo salga a la luz. Nada debe quedar refundido. El sol debe entrar hasta la última rendija”. 

Cuando le tocó hablar a ella, nos sorprendió a todos. Tenía un discurso escrito, pero prefirió improvisar los agradecimientos a su familia (sus hijos, en especial), sus amigos y la editorial (a la que, según contó, le pidió como condición incluir una gran cantidad de fotografías). Con mucha picardía y buen gusto, nos arrancó a todos los presentes varias sonrisas y nos hizo sentir felices de estar ahí con ella. Tras terminar de leer, fue ovacionada y luego se dio tiempo de recibir el saludo de los asistentes, entre ellos los cuatro hermanos Llosa Martinto.

Fueron pocos segundos o quizás algunos minutos con ella. Pero los suficientes como para transmitirle el cariño que le profesamos. Y también el tiempo justo, gracias a las exposiciones, para pasar revista a lo más notable de su vida. En una época como la actual en que se destaca el lugar preponderante que cada vez más ocupan las mujeres en la sociedad es importante darle el peso que se merecen quienes como Lucha Parodi abrieron camino en esa dirección en nuestro país. Por eso, es un acierto que un ejemplo de lucha como el de ella quede registrado en un libro y sea reconocido por la nuevas generaciones.