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Por Pablo Cateriano

Febrero 14, 2024

El octavo sentido

Acabo de terminar de leer “El octavo sentido. La comunicación, factor clave de la sociedad del siglo XXI”, con algunos años de retraso (fue publicado en 2015). Podría decirse que se trata de las memorias profesionales de José Antonio Llorente, periodista y consultor español, conocido sobre todo por ser el fundador, en 1995, de LLYC, antes Llorente y Cuenca, la consultora de comunicación más grande del mundo en habla hispana (atiende en doce países, el Perú incluido, y tiene más de mil empleados). 

Me resultaba particularmente atractivo este libro. Tomé nota de él recién cuando me enteré de su temprano y lamentable fallecimiento, el último día del año pasado. Tenía 63 años. Se había iniciado en la agencia EFE; había trabajado en el gremio empresarial español (CEOE) y en la legendaria Burson Marsteller, en donde llegó a lo más alto en España. Y no me equivoqué con la lectura.

A lo largo de catorce capítulos, Llorente comparte una serie de historias —muy bien contadas, dicho sea de paso—, que nos muestran al detalle cómo se construye y cómo funciona una consultora de comunicación. Va desde el inicio en una sala de un despacho de abogados con apenas tres personas (además de él, su socia de entonces Olga Cuenca y una más), hasta su internacionalización, pasando por casos vívidos de crisis, asuntos públicos y, obviamente, el nuevo rol que juegan el internet y las redes sociales en nuestra industria. 

Es un homenaje también a su equipo, del que se siente agradecido. Y al que ha sabido integrar bajo un modelo en el que los más destacados son convertidos en socios. Pero la más halagada de todas es una: su empresa, la marca que supo crear y de la que lógicamente se siente muy orgulloso. No escatima en ello. Y con razón: no es poca cosa haber construido en apenas treinta años una compañía que está presente en casi todos los países de habla hispana.

¿Por qué el título? El propio Llorente lo explica. Para él, el octavo sentido es aquel que “remitiría a la irrefrenable necesidad de las personas de comunicarse con la finalidad de ser entendidas por las demás y crearse así una entidad propia en el colectivo en el que se desenvuelven”. El sexto sería la intuición y el séptimo la capacidad extrasensorial de los humanos.

Gracias a esa necesidad irrefrenable de las personas por comunicarse es que el mundo sigue girando alrededor de historias que a veces nos conmueven, nos irritan, nos enamoran o nos aplastan. Para administrar todo ello de la mejor manera, se requiere del consejo de alguien. Y es aquí donde los consultores tenemos un lugar.